Hoy recorría las calles de un barrio de mi hermosa Buga, cuándo vi a unos niños jugando con sus celulares BlackBerry, y automáticamente recordé la época de mi niñez, la cual viví entre los barrios La Revolución y Alto Bonito.
Venía a mi mente las tardes jugando "yeimi", "ponchado", cartas y canicas con mis primos y amigos. Eran tardes divertidas, que además de divertirnos, nos permitía integrarnos y formar estrechos lazos de amistad y cariño entre todos.
Es muy triste que hoy en día vemos a nuestros niños y niñas relativamente "pegados" de los celulares, computadores y otros aparatos, que poco a poco no sólo les quitan tiempo de estudio, sino también que los alejan de sus familias y amigos, a tal punto que terminan aislándose del mundo que los rodea.
No estoy en contra de la tecnología, de hecho, más de uno de nosotros ahora piensa que si hubiéramos tenido algo de eso en nuestra niñez y adolescencia, la vida se nos hubiese dado un poco más fácil, en especial a la hora de consultar tareas. Pero, gracias a Dios, pertenecí a una generación en la que los libros eran nuestro mundo de consulta, y la verdad, vivíamos un poco más felices, pues no nos dábamos cuenta de la vida de los demás.
Este es un llamado a los padres de familia, para que controlen a sus hijos en este tema. No podemos permitir que los lazos familiares se acaben por culpa de estos aparatos. Y por el contrario, tratar de utilizarlos para unir estos vínculos y nuevamente poner a la familia como el PRINCIPAL núcleo de la sociedad.
Y obviamente, debemos de tratar de recuperar esas tradiciones que poco a poco se han ido perdiendo, como por ejemplo, el juego de trompo, jazz, yeimi, ponchado, escondite, entre otros, que ante todo, son inofensivos y desarrollan en nuestros niños y niñas capacidades motrices y de integración importantisimas para su desarrollo personal, intelectual y social.
CRISTHIAN MARIN
Consejero Mpal de Juventud
Guadalajara de Buga

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